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Grupo Antolín: Un Líder Mundial en Burgos
Autor: Jesús Martín Tejedor

Es posible que el atento lector no haya oído hablar del Grupo Antolín. Pero es más difícil que el atento lector no tenga nada que ver con el Grupo Antolín. Cada vez que pone sus honorables posaderas en el asiento de un auto BMW, Daimler-Chrysler, Ford, General Motors, Renault, Volkswagen, Peugeot, Hyundai y alguna otra marca del Extremo Oriente es más que probable que esté sentándose en un producto del Grupo Antolín. Y eso aún en el caso de que el tal automóvil sea de importación. Porque el Grupo Antolín, que investiga, diseña y produce el habitáculo interior del automóvil, opera a través de 63 establecimientos de producción o de asistencia técnica, con 7.100 empleados, repartidos por el universo mundo: Francia, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Méjico, Argentina, Brasil,  Japón, China, Corea, India, Suráfrica, .... hasta 18 países. Toda una multinacional con sede central en Burgos. Este es uno de los casos que a la dirección de esta revista le confirma en su empeño de dar a conocer lo que en esta sorprendente España está sucediendo en el terreno empresarial y tecnológico.

¿De dónde ha surgido este emporio empresarial? ¿Ha sido fruto de una acción de Gobierno para favorecer la industrialización de una región agrícola? ¿Ha intervenido decisivamente el sistema bancario y financiero, como en el caso de otras empresas punteras del sistema tecnológico español? Nada de eso. El accionariado del Grupo Antolín es estrictamente familiar. Y la empresa se ha formado a partir de un modesto
taller de mecánica automovilística que ha ido creciendo sin pausa merced al tesón, la sana ambición, la intuición creadora, la visión del momento, la apertura al exterior y la fe en la investigación de dos hermanos: Avelino y José Antolín. El primero nació en 1934 y falleció en 1995. El segundo nació en 1936 y permanece al frente de la empresa.

Ambos hermanos comenzaron sus actividades, en Burgos, en un simple taller mecánico propiedad de su padre y dedicado a reparar automóviles. Idearon un modelo de rótula y comenzaron con éxito su producción en una España que se defendía como podía para hacer posible el tráfico rodado. Las rótulas tuvieron éxito y con la implantación en España de la industria del Automóvil a partir de53, dieron su primer gran salto pasando a tener como primeros clientes de sus rótulas de caucho a Barreiros y Pegaso y posteriormente a Simca, Seat y Fasa-Renault. Comenzaban otros tiempos en España.

Las rótulas les granjearon el prestigio suficiente para entrar en tratos con la empresa alemana Lemförder e instalar con ella, en Burgos, una fábrica de rótulas que llegó a ser la de mayor calidad de Europa.La empresa burgalesa se llamaba Ansa-Lemförder y en ella los hermanos Antolín eran mayoritarios. Fue su primer trato con el exterior y una feliz experiencia que les confirmaría en su actitud de apertura y colaboración con empresas extranjeras.

Una vez aprendido el camino de Alemania, obtuvieron en este país permisos para utilizar patentes de charnelas de puerta, cerraduras y elevalunas de ventanilla. Se introdujeron así en una nueva perspectiva: el habitáculo del usuario automovilístico. Eran los años.En la nueva década de los 70 los hermanos Antolín levantaron la vista hacia arriba y vieron que los techos de los vehículos eran susceptibles de importantes perfeccionamientos. Encontaron a los hermanos Fulcheri, creadores de la empresa piamontesa Pianfei, que daban los primeros pasos en la fabricación de techos autoportantes. Este nuevo foco de atención les llevó a simplificar y compactar los guarnecidos del techo mediante un revestimiento de fibras de algodón y resinas
fenólicas que posteriormente sería sustituido por la tecnología Glasutec, basada en un sandwich de poliuretano que les situó con el tiempo en posición de líderes mundiales. Y ahí siguen, a la cabeza. A ellos se debe esa mórbida y placentera impresión de los guarnecidos del techo y sin aquellos tejidos convencionales que podían rasgarse al tratar de introducir algún objeto en el hábitat interno, o agujerearse al manipular un cigarrillo.

Su atención al habitáculo interno se fue completando con la creación de asientos para furgonetas, camionetas y coches. Y también los paneles interiores de las puertas. Actualmente su producción se reparte en tres funciones: techos, asientos y puertas.

A comienzos de los años 90 se planteó una situación nueva que iba a poner a prueba la capacidad de adaptación de los hermanos Antolín y su visión del futuro. Los constructores de coches en España deciden centralizar sus oficinas de desarrollo en sus países de origen. Los hermanos Antolín habían estado presentes y en estrechísima interacción, en los gabinetes donde éstos investigaban y desarrollaban su particular modulación española de los productos fabricados en nuestro país. Al marcharse de España esta actividad creadora, los hermanos Antolín iban a quedar alejados de los centros de estudio y diseño de las firmas automovilísticas.Y de nuevo actuó el temple singular, abierto y audaz de esta familia. Era necesario cruzar la frontera y establecerse junto a las casas matrices para continuar la felicísima interacción que había tenido lugar en España. A los centros técnicos y comerciales siguieron las plantas de producción. El pequeño taller mecánico de Burgos se había transformado en una multinacional Y todo ello con el esfuerzo propio y con una singular clarividencia para articular los medios y los fines, porque, para hacer frente financieramente a esta expansión, no dudaron en vender, en 1994, la fábrica de rótulas que llevaba una vida próspera y todavía existe en la actualidad. Cambiaron una realidad sustanciosa por un riesgo, pero con el paso firme del peregrino que sabe por dónde va su camino. Los hermanos Antolín eran ya el Grupo Antolín, y, con una nueva organización, comenzaba su expansión mundial.

Desde 1992 su palmarés empresarial ha sido fulgurante.Desde ese año hasta el 2003 han multiplicado por nueve su facturación, bien advertido que no fue un fruto al azar. Sus previsiones se han ido cumpliendo.Y de los 1.006 millones de euros facturados en 2002 se espera llegar en cinco años a los 2.230.

Nuestra revista ACTA CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA se ha propuesto dar a conocer a los españoles (incluidos catedráticos y científicos) el actual mundo empresarial y tecnológico español que ya poco tiene que ver con aquella época en que cierto ilustre pensador español pronunciara la célebre frase "que inventen ellos", refiriéndose a los extranjeros. Tan negativa resignación podía referirse al estado de nuestra ciencia y de nuestra enseñanza, a la falta de cultura científica de nuestra sociedad, a nuestro tardío y mediocre proceso de industrialización - problemas reales cuya plena solución todavía está pendiente - pero incluía también la creencia en un cierto determinismo genético, todavía operante en nuestra patria, que consideraba al talante o al genio español como no dotado para la ciencia y la invención. En este último sentido es particularmente
ilustrativo el ejemplo de los hermanos Antolín, y es patriótico y constructivo darlo a conocer también en su vertiente humana. En dos generaciones pasaron de una carrería en un pueblo palentino (el abuelo de los hermanos Antolín) a un taller de reparación de automóviles (el padre de los hermanos Antolín) y luego a una multinacional (Avelino y José). Estos últimos se hicieron en el taller, sin estudios de ingeniería y aprendiendo del día a día. Ni siquiera estaban inmersos en un ambiente industrial y emprendedor, como habría sido el caso de haber vivido en Cataluña o en las Vascongadas. Sólo tenían valía personal innata, es decir, raza. Y todos sus apellidos son castellanos.
Un buen golpe para los creyentes en el determinismo genético.

Porque lo notable de los hermanos Antolín no es que hayan amasado un importante patrimonio - no son raros los enriquecimientos que se han producido en la segunda mitad del siglo XX, aprovechando algunas veces las penurias y dificultades del despegue industrial o recibiendo favores del sistema - lo notable de los hermanos Antolín es que han creado un grupo de empresas que fundamentan su presente y su futuro en la investigación científica y tecnológica, y en la innovación. En este momento pasan de 70 los millones de euros que invierten en investigación y desarrollo de nuevos productos, nuevas tecnologías de diseño y nuevas funciones del automóvil. Su plantilla de investigadores cuenta con un número importante de doctores, ingenieros, licenciados y técnicos. Invierten en investigación, porque creen en la investigación; y porque creen en la investigación, se asoman a cualquier nuevo desafío persuadidos de que la realidad se rinde siempre al que se acerca a ella con método y hábito de conocimiento Causa cierto pasmo observar esta furiosa actitud científico-tecnológica en unos hombres que se han criado lejos de la Universidad y de las Politécnicas, sin más estímulo que el trabajo de cada día. Pero si se reflexiona sobre su historial, todo se explica: han sido unos avidos escrutadores de lo que pasaba no sólo en su derredor, sino en mundos más lejanos, con una apertura y un cosmopolitismo impropio tanto de la supuesta adustez castellana, como de todo provincianismo. Y en esa ejemplar actitud de pesquisa se toparon con la investigación y la tecnología como claves del futuro.

Estas personas, Avelino y José, o sea, estos personajes, enriquecen a España con su creación de renta, pero la enriquecen también con un estimulante ejemplo que debe acrecentar nuestra fe en nosotros mismos. En España, podemos.Y ahora que nos falta Avelino, el certero soñador, resultará gratificante para su hermano José, el gran realizador, que recordemos con gratitud al primero. Sin olvidar algo que hemos querido señalar en el título: todo esto está sucediendo en Burgos.