Placas de honor 2018

21ª edición – 22/11/2018

Marisol Soengas

Jefa del Grupo de Melanoma del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)

Discurso de entrega

Autoridades académicas, miembros de esta Asociación, galardonados, colegas, amigos, señoras y señores.

 

Me resulta especialmente emotivo presentar a la doctora Marisol Soengas en este acto de entrega de las Placas de Honor de la Asociación Española de Científicos 2018 en el que se reconoce su labor científica.

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Marisol nació en Agolada, una aldea pontevedresa cerca de Lalín. En ese entorno se interesó por la Biología y acabó obteniendo su licenciatura y especialización en Biología Molecular en la Universidad Autónoma de Madrid, con brillantes calificaciones. Incluso antes de finalizar su Licenciatura decidió unirse al laboratorio de Margarita Salas en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa.

 

A ese mismo laboratorio me incorporé también como Científico Titular a mi regreso de USA y al repasar las fechas me quedo realmente perplejo de cómo pasa el tiempo. Hace ahora unos 28 años de aquella coincidencia y fue realmente una suerte que pudiera encargarme de la codirección de la Tesis Doctoral de Marisol. Se trataba de un gran reto para ambos ya que el proyecto consistía en llevar a cabo un estudio estructural y funcional de la proteína p5 de unión a DNA de cadena sencilla que participa en la replicación del DNA del fago f29. Era un proyecto muy novedoso en el laboratorio que implicaba el uso de abordajes moleculares, biofísicos y de microscopía electrónica. Desde el primer momento pude percibir su inteligencia y responsabilidad, su enorme dedicación, su capacidad de trabajo y, sobre todo, sus ganas de aprender. Más aún, le veía ya ese motor necesario para emprender una carrera científica y unas pequeñas, pero robustas, alas que sólo con un poco de maduración y una pista de despegue adecuada le permitirían iniciar el vuelo en solitario.

 

«Desde el primer momento pude percibir en Marisol Soengas su inteligencia y responsabilidad, su enorme dedicación, su capacidad de trabajo y, sobre todo, sus ganas de aprender»

 

Ese momento llegó tras defender su Tesis Doctoral con brillantez. En 1997, se trasladó al laboratorio de Scott Lowe en Cold Spring Harbor Laboratory, en Long Island. Ese período constituyó su primer contacto con los mecanismos de supresión tumoral y la implicación de la apoptosis, llevando a cabo la primera demostración del papel de factores apoptóticos en la supresión del desarrollo de melanoma y como mediadores de la quimiorresistencia. No puedo dejar de recordar con enorme agrado las muy agradables estancias en su casa cuando yo asistía a los congresos de Cold Spring Harbor Laboratory, entonces ya en compañía de José Antonio Esteban, a quien conoció en los años felices de la tesis.

 

Al final de su etapa postdoctoral desarrolló su interés por acercarse a los pacientes con melanoma y combinar en su investigación el estudio de biopsias con modelos celulares y animales. La oportunidad para hacerlo se la ofrecieron en USA, donde obtuvo una posición de Assistant Professor en el Department of Dermatology de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, uno de los mejores centros multidisciplinares para el estudio y tratamiento del melanoma. Allí estableció un floreciente grupo de investigación que definió nuevos mecanismos en la progresión tumoral y su tratamiento.

 

En 2008, el sistema de ciencia español tuvo la suerte de poder reclutarla como Jefe del Grupo de Melanoma del CNIO. Desde esa fecha el trabajo de Marisol ha estado enfocado a identificar mecanismos implicados en la iniciación y progresión del melanoma para poder trasladarlos a los tratamientos clínicos. Ello está siendo posible gracias al desarrollo de diversos modelos animales que permiten el estudio de la progresión tumoral mediante técnicas no invasivas, así como la identificación de nuevos biomarcadores tumorales y posibles dianas terapéuticas relacionadas con factores endolisosomales específicamente enriquecidos en melanoma.

 

Esta gran actividad multidisciplinar de su laboratorio se ve enriquecida con una enorme cantidad de contactos a nivel nacional e internacional, habiéndose convertido en un referente mundial en melanoma. Pero, además, ha podido poner en práctica su capacidad emprendedora también a nivel empresarial, siendo cofundadora de Bioncotech Therapeutics, una spin-off directamente implicada en la transferencia de conocimiento from the bench to the bedside, con especial énfasis en terapias basadas en RNAs de doble cadena y nanopartículas.

 

Marisol ha recibido ya una larga lista de galardones y premios, desde algunos en el ámbito de su terruño gallego, como el Josefa Wonenburger de la Xunta de Galicia, el de la Feira do Cocido de Lalín o más recientemente el de Executivas de Galicia, hasta otros a nivel internacional como el Life Science Biomedical Scholar Award de la Universidad de Michigan, el de la Leukemia and Lymphoma Society of America, la American Dermatology Foundation, y la Elsa V. Pardee Foundation, o el Diana Ashby Young Investigator Award de la Society for Melanoma Research.

 

Para finalizar me gustaría hacer una reflexión general. Además de su indiscutible valía científica, creo que es justo afirmar que Marisol es fruto también del gran esfuerzo colectivo que desde hace unas décadas permitió sacar a nuestro país del ostracismo y tercermundismo científicos. Unos logros que desgraciadamente han sido masacrados administrativa y financieramente desde hace unos años por el enorme absoluto a la ciencia, a su valor social y a su relevancia para el modelo productivo del país. Todo ello excusándose en la crisis, que, si bien se ha producido, no ha sido óbice para que los países de nuestro entorno hayan aumentado en ese mismo período más del 30% su inversión en ciencia. Y ya era mucho más alta que la nuestra. Es necesario que la tendencia actual cambie radicalmente para favorecer el surgimiento de nuevas Marisol y para que los muchos españoles que trabajan fuera se sientan atraídos por un entorno científico competitivo.

 

«Marisol Soengas es fruto también del gran esfuerzo colectivo que desde hace unas décadas permitió sacar a nuestro país del ostracismo y tercermundismo científicos»

 

Marisol, tampoco puedo dejar de recordar otros muchos momentos más personales, en bodas, reuniones familiares acompañadas de excelente comida, cenas, etc. Es para mí un verdadero placer poder hacer esta tarde aquí tu presentación para esta placa de la Asociación Española de Científicos 2018 y gracias por los años de amistad compartidos.

 

Crisanto Gutiérrez.
Profesor de Investigación del CSIC

Respuesta del galardonado

Muchísimas gracias, Crisanto, por esta presentación tan cariñosa.

 

Por supuesto, gracias a Enrique de la Rosa y al comité y al general a los miembros de la Asociación Española de Científicos (AEC) detrás de mi nominación para esta placa. Todos los reconocimientos son importantes, pero cuando vienen por parte de tus compañeros de profesión son todavía más ilusionantes.

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Antes de volver a Crisanto, me gustaría felicitar a los demás premiados con las Placas de Honor.

 

A Luis Montoliu lo conozco personalmente por su trabajo magnífico en albinismo, por sus resultados con CRISPR/Cas, y por ser un abanderado en la investigación en animales.

 

Con José Luis Todolí no había coincidido, pero he visto su currículo y su contribución al campo de la espectroscopía es impactante.

 

A Materia sí los conozco, porque han cubierto en varias ocasiones trabajo de mi grupo en el melanoma, y en general del CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas). Son un ejemplo de periodismo científico riguroso que necesitamos en este país. De hecho, hoy tenéis un artículo en El País sobre los mitos y riesgos de la pseudociencia, de los que mucha gente no es consciente… así que gracias por vuestro trabajo.

 

A Algenex y Celera, los voy a invitar al CNIO porque quiero conocer sobre su trabajo de formación de nuevas generaciones y en sistemas de expresión en baculovirus.

 

Y ya volviendo a Crisanto, no sabéis la ilusión que me ha hecho que sea él el que me haya presentado, porque me da pie a enfatizar el concepto y el valor del mentor y de la mentorización.

 

Voy a hablar de tres personas que han sido esenciales en mi carrera: Margarita Salas, Crisanto y Scott Lowe.

 

«Tres personas que han sido esenciales en mi carrera: Margarita Salas, Crisanto Gutiérrez y Scott Lowe»

 

A Margarita Salas la conocéis todos, no necesita presentación, porque es una de los grandes referentes en bioquímica molecular en este país. A Margarita le han concedido casi todos los premios, pero uno reciente que me consta le ha hecho mucha ilusión es Nature’s 2017 mentoring awards.

 

De Nature nos preguntaron qué nos había impactado más. Y todos los que participamos respondimos casi unánimemente que «el orgullo de ser Margarito», la marca Margarito…, esto supone haber creado escuela. Por otra parte, el rigor: cuantificar y repetir. Es importante, porque en estos momentos de prisa y competitividad, es importante dar un paso atrás, revisar los datos y asegurarse de que son sólidos. Y ya el tercer punto, es el saber delegar. Encontrar seniors en los que confiar para que supervisen a otros.

 

Y así llegué yo a las manos de Crisanto.

 

Crisanto ya os ha comentado mis comienzos primero en Coruña y luego en la Autónoma. Yo había llegado en 4º, con muy buen expediente, pregunté cuál era el mejor grupo. Me dijeron que el de Margarita, y allá me fui. Supongo que la convencí, y me aceptó. Primero trabajé con Luis Blanco mientras acababa la carrera, y allí salieron mis primeros papers en la proteína estrella del fago que era la polimerasa.

 

El grupo de la polimerasa estaba muy saturado, así que me pasaron a otra proteína. Fijaos, se trataba de un virus que infecta bacterias, y además me habían pasado a una «proteína accesoria» que no era esencial in vitro. Fui a hablar con Crisanto, y no solo me tranquilizó, sino que me entusiasmó. Me dijo que esta proteína había que estudiarla desde un punto de vista radicalmente diferente con técnicas biofísicas. Iba a ser un reto, pero también una oportunidad…. Bueno, y retos a mí… Me pareció fantástico.

 

También me dijo algo que ya se lo he dicho muchas veces, marcó mi carrera. Me dijo: «hoy estos experimentos te los propongo yo, pero mañana los tienes que proponer tú». Esto me hizo pensar, ser independiente, y ser proactiva. Eso es un ejemplo de mentorización que intento inculcar en mis estudiantes y postdocs.

 

De Crisanto aprendí muchas más cosas. Me impulsó a salir fuera, (inusual en aquel entonces). Estuve en Holanda para mejorar una técnica de fluorescencia, y ahí sí que ya perdí el miedo a nuevos experimentos, porque al final era yo la que más trabajaba y cerraba el laboratorio.

 

Otra de las lecciones de Crisanto la aprendí cuando estábamos preparando una charla para un congreso (que, por cierto, practicó conmigo no sé cuántas veces). Las charlas tenían que responder a tres preguntas: Por qué, para qué y después qué. Esto supone ya tomar control del proyecto, y ser tú el líder.

 

Después de Crisanto vino Cold Spring Harbor Laboratory a través de Manuel Serrano, que también conoceréis. Le pregunté a Manuel cuál era el mejor laboratorio, y me dijo que el de Scott Lowe. Y me fui a hablar con él… Bueno, pues hoy Scott es Howard Hughes (con más de 30 postdocs), pero en aquel momento estaba empezando, y yo acabé siendo su segunda postdoc. Con Scott empecé en el mundo del cáncer, p53, apoptosis y acabamos en el melanoma como ejemplo de reto, porque era un tumor agresivo y en aquel momento sin tratamiento eficaz en metástasis.

 

De Scott aprendí también muchas cosas, sobre todo a pensar en el big picture. Recuerdo que un día le conté una serie de experimentos que estaba haciendo que eran «fáciles»… Y me miró y me dijo: «eso lo pueden hacer muchos grupos», «tell me more», «if you ask boring questions, you will get boring answers». Y yo creo que, en parte, lo que distingue a un científico de otro es en las preguntas que te planteas, y en las metas… a dónde quieres llegar.

 

Luego ya vino Míchigan donde monté mi primer grupo en una de las clínicas de melanoma más grandes del Midwest, y luego el CNIO. Volví al CNIO no por ser España, sino por la calidad: era y es uno de los centros de investigación en cáncer a nivel internacional.

 

«Regresé a España por el CNIO: era y es uno de los mejores centros de investigación en cáncer a nivel internacional»

 

En el CNIO intentamos abarcar el melanoma desde una perspectiva muy amplia: desde aspectos más básicos, hasta el desarrollo de fármacos.

 

Estamos interesados en biomarcadores de diagnóstico (que permitan diferenciar lunares de melanoma), hemos generado unos modelos animales que son únicos, porque nos permiten seguir el desarrollo del melanoma desde las fases más iniciales. Estos animales iluminan cuando los melanomas son agresivos y marcan sitios de metástasis antes de que lleguen las células tumorales.

 

También hemos encontrado múltiples factores que median esta metástasis porque actúan no solo en las células cancerosas sino también en el entorno, en la vasculatura y en el sistema inmune.

 

Finalmente, hemos desarrollado compuestos anticancerígenos, que dieron lugar a una patente, luego a una compañía spin off, que ahora tiene ya un derivado en ensayo clínico en pacientes. Que los resultados del laboratorio se puedan trasladar al paciente es realmente una satisfacción.

 

Estos experimentos ya no los hago yo, de hecho, los responsables de estos éxitos son los miembros de mi grupo, que están hoy aquí conmigo, y los que dedico esta Placa, porque es un Honor y un Orgullo no ser su jefa, pero espero que su mentora.

 

Y ya para terminar, en este concepto de formación, yo estoy muy implicada también en aspectos de mentorización y liderazgo para mujeres científicas. Tenemos una oficina de Woman in Science en el CNIO, y yo soy la coordinadora también de un grupo de trabajo ASEICA-Mujer, (dentro de la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer).

 

«Estoy muy implicada también en aspectos de mentorización y liderazgo para mujeres científicas»

 

Hemos invitado a muchas mujeres profesionales y hay muchos aspectos en los que tenemos que trabajar para reducir desigualdades, pero un consejo común es «elegir bien a la pareja». Tu pareja te puede frenar, limitar, o te puede apoyar, y de hecho impulsarte hacia delante. En mi caso, yo tengo la suerte de tener un compañero de vida, José Antonio, que es científico (por cierto, el año que viene lo podíais considerar para estas placas porque tiene un trabajo buenísimo en aprendizaje y memoria). José Antonio, aparte de corregir todos mis grants y papers, es mi lado zen, el que me tranquiliza y me devuelve a la realidad… A él le dedico también este reconocimiento.

 

De nuevo, enhorabuena a los premiados, y gracias a la AEC por esta Placa. Un honor.

 

Marisol Soengas
Jefa del Grupo de Melanoma del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)

José Luis Todolí Torró

Catedrático de Química Analítica de la Universidad de Alicante y director de la Unidad de Análisis Químico Aplicado

Discurso de entrega

Sr. Presidente de la Asociación Española de Científicos (AEC), autoridades académicas, miembros del Consejo Rector de la AEC, socios, simpatizantes, compañeros y amigos.

 

Para mí es una gran satisfacción poder participar en este entrañable acto de entrega de las Placas de Honor de la AEC 2018, y ese honor es todavía mayor cuando me corresponde presentar a José Luis Todolí Torró, catedrático de Química Analítica del Departamento de Química Analítica, Nutrición y Bromatología de la Universidad de Alicante.

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José Luis Todolí Torró nació en Cocentaina (Alicante), el 31 de agosto de 1968. Sus padres José Luís y Rosalía fueron ambos maestros, siendo el primogénito de tres hermanos. Tuvo una feliz infancia y adolescencia en el seno de un ambiente familiar culto, positivo, constructivo, basado en la educación y cultura del esfuerzo, siempre rodeado de afecto y cariño. Cursó sus estudios de primaria en el colegio de Muro de Alcoy, donde su padre ejerció como director del centro durante más de 25 años y su madre fue una entrañable profesora de infantil y primaria muy reconocida por su calidad docente y humana.  Realizó sus estudios de bachillerato y COU en el Instituto Pare Arques de Cocentaina.

 

A continuación, cursó la licenciatura en Ciencias Químicas, ingresando como estudiante en la Universidad de Alicante en 1985, y obtuvo el grado de doctor en 1994 por esta Universidad con la máxima calificación. En 1997 realizó una estancia postdoctoral de larga duración en el Laboratoire des Sciences Analytiques (Universidad Claude-Bernad, Lyon, Francia) bajo la supervisión del Profesor Mermet. Tras ocupar una plaza de Profesor Titular Interino en 1999, en junio de 2000 tomó posesión de una plaza de Profesor Titular de Universidad. Finalmente, en abril de 2012 obtuvo una plaza de Catedrático de Universidad, puesto que ocupa hasta la actualidad.

 

Tuve la suerte de conocer al profesor Todolí gracias a su hermana Cristina, abogada, amiga, compañera y alma mater del vicerrectorado de Investigación e Innovación de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Recuerdo que aquel primer encuentro lo viví muy intensamente, pues José Luís no es solo un magnífico científico: es, sobre todo, una excelente persona.

 

«José Luís Todolí no es solo un magnífico científico: es, sobre todo, una excelente persona»

 

Permitidme que desglose brevemente su dilatado currículo. El profesor Todolí es autor de un total de 102 artículos en revistas internacionales, el 90% de ellas situadas en el primer cuartil, 2 libros y 33 capítulos de libro. Sus publicaciones han recibido más de 3.100 citas dando lugar a un índice h de 32 (Google Citations).

 

Actualmente forma parte del Advisory Board de las revistas Spectrochimica Acta, Part B (Elsevier) y Journal of Analytical Atomic Spectrometry (RSC).

 

En cuanto a la participación en congresos ha contribuido con más de 250 comunicaciones. Entre ellas cabe destacar 33 ponencias invitadas en congresos tanto de habla inglesa como francesa, celebrados en países tales como los Estados Unidos, Canadá, Brasil, Francia, Alemania u Holanda, entre otros.

 

Ha sido investigador e IP (Investigador Principal) de 57 proyectos de I+D financiados en convocatorias públicas. Asimismo, ha participado en un total de 53 contratos de especial relevancia con empresas nacionales e internacionales o administraciones. Ha dirigido y codirigido 10 Tesis Doctorales.

 

Los proyectos de investigación han girado en torno a dos grandes técnicas analíticas: por una parte, la espectrometría de masas con fuente de ionización de plasma y, por otro, la cromatografía de líquidos de alta resolución (HPLC). El profesor Todolí se ha preocupado siempre de la transferencia del conocimiento científico a la sociedad. Fruto de la investigación en campos como la alimentación, análisis de aguas y determinación de metales, ha obtenido tres patentes.

 

«El profesor Todolí se ha preocupado siempre de la transferencia del conocimiento científico a la sociedad, y fruto de su investigación ha obtenido 3 patentes»

 

Actualmente dirige el Grupo de Investigación de Análisis Químico Aplicado de la Universidad de Alicante. Las líneas de investigación actuales corresponden a: desarrollo de instrumentación científica, análisis de y control de líquidos derivados del petróleo y biocombustibles; análisis de alimentos y aguas residuales; desinfección de alimentos; análisis de muestras clínicas y análisis de insectos. Gran parte de las investigaciones de carácter básico se ha llevado a cabo con la participación y subvención directa por parte de empresas privadas tanto de carácter nacional como multinacionales. Asimismo, los resultados y los dispositivos resultantes de las investigaciones realizadas han sido utilizados e implementados por centros y grupos de investigación internacionales.

 

Ha sido evaluador de proyectos de I+D del Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa Valenciana (IMPIVA, actual IVACE), de la AVAP y de organismos internacionales como FWO (Flandes, Bélgica), QNRF (Catar) o Mitacs (Canadá).

 

Quisiera concluir trasladando mi más sincera enhorabuena a José Luis y a sus seres queridos por este premio tan merecido, en especial a su esposa Inma, a sus hermanas Cristina y Ana, a sus hijos José, Mar y Raúl, a sus cuñados Isaac y Mario, que hoy nos acompañan, a su Grupo, Departamento y Universidad, y a sus muchos amigos, colaboradores científicos de ámbito nacional e internacional y colegas de profesión.

 

Y, por supuesto, mis felicitaciones a todos los galardonados esta noche en esta gala de la Ciencia de la AEC.

 

Para finalizar, quiero compartir un emotivo poema, atribuido a la madre Teresa de Calcuta, dedicado a los maestros, y que esta noche quiero dedicar, con tu permiso, José Luis, y el de tus hermanas, a tus padres, pues estoy convencido de que están hoy junto a nosotros viviendo intensamente este momento, ya que, en definitiva, han sido cómplices gracias a su esfuerzo, apoyo, dedicación y, seguro que muchos desvelos, de que tu carrera científica haya alcanzado las más altas cotas de excelencia investigadora que hoy aquí reconocemos.

 

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.

 

Amigo, catedrático, has encontrado tu propio camino y, estoy convencido de que seguirás volando muy alto.

 

Muchas gracias por su atención.

 

Manuel Miguel Jordán Vidal
Vicerrector de Investigación e Innovación. Universidad Miguel Hernández de Elche

Respuesta del galardonado

Señor Presidente, Señores Vocales de la Asociación Española de Científicos (AEC), señoras y señores.

 

En primer lugar, me gustaría agradecer sinceramente a Manu la extraordinaria descripción que ha efectuado acerca de mi trayectoria investigadora, así como sus amables y afectuosas palabras.

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Ciertamente actos como el que nos ocupa suponen un ejercicio de síntesis que ayuda a recapitular y reflexionar sobre los aciertos que se han producido a lo largo de años dedicados a la investigación sin olvidar, por supuesto, los errores que me han ayudado a madurar en este ámbito. Asimismo, querría agradecer a la AEC la concesión de este premio que recibo con gran alegría. Desearía, además, felicitar al resto de galardonados por sus logros y su papel pionero en los diversos campos en torno a los que han girado sus investigaciones.

 

A lo largo de las más de dos décadas dedicadas a la investigación, docencia y, en menor medida, gestión, he recibido el apoyo de un grupo de personas que, especialmente en los últimos diez años, han hecho posible que los proyectos que se han planteado se hayan efectuado con éxito. Un investigador no puede materializar sus ideas sin la participación de un equipo que, en mi caso particular, ha estado formado por doctorandos y compañeros del departamento. Es por ello que quisiera aprovechar este momento para agradecerles a todos ellos, a los profesores Soledad Prats, Salvador Maestre, Raquel Sánchez y Ana Beltrán por sus constantes muestras de apoyo. A todos los doctorandos e investigadores que han confiado en el grupo de investigación de Análisis Químico Aplicado y han invertido su tiempo trabajando duro en nuestros laboratorios. A ellos debemos una parte importante de los éxitos alcanzados. Obviamente, debo reconocer que la carrera científica resulta más satisfactoria en un entorno tan propicio como la Universidad de Alicante, la cual nos aporta las instalaciones e infraestructuras necesarias, aspecto que agradezco enormemente.

 

«Un investigador no puede materializar sus ideas sin la participación de un equipo»

 

La Química Analítica, campo objeto de las investigaciones en las que he participado, es una Ciencia que transforma un problema social en uno científico para, posteriormente, retornar a la sociedad un entregable en forma de solución al problema. En esta disciplina confluyen ciencias tales como la física, la química y las matemáticas, conducentes a desarrollos fundamentales, así como disciplinas beneficiarias de dichos desarrollos tales como la medicina, ciencias de los alimentos, energía o medio ambiente. Me encuentro, por tanto, en un ecosistema óptimo para la investigación y la innovación.

 

Nos encontramos en un país en el que se producen entre el 3 y 4% de los documentos científicos de calidad a nivel mundial, mientras que la inversión es únicamente del 1%. Es, por tanto, un país de talento, un país en el que una baja inversión en investigación nos sitúa en un honroso décimo puesto en la clasificación mundial de países productores de ciencia. Disponemos, por tanto, de los medios humanos necesarios para convertirnos en una potencia investigadora global. Debemos, por tanto, exigir a nuestros dirigentes una optimización en la gestión de los fondos públicos para evitar que se pierda la inversión que se efectúa en la formación de nuevos investigadores cuando, una vez preparados, estos deben migrar a otros países en busca de condiciones laborales dignas.

 

«España es un país de talento que dispone de los medios humanos necesarios para convertirse en una potencia investigadora global»

 

Sin embargo, no hay que olvidar que, como científicos, tenemos la responsabilidad de resolver los verdaderos retos de la sociedad, por lo que debemos efectuar estudios transferibles a la misma. En este sentido, la colaboración con entidades privadas es de suma importancia. No obstante, existen enormes dificultades para que se logre un entendimiento claro entre el mundo académico y el empresarial. A pesar la conciencia creciente que se está adquiriendo desde las universidades y centros públicos de investigación, es de imperiosa necesidad trasladar las mismas inquietudes al mundo industrial, ya que su participación en el proceso de investigación científica es absolutamente necesaria. Debemos, por tanto, seguir tendiendo puentes entre el ámbito académico y el empresarial para que se comprenda que la investigación no es un gasto, sino una inversión.

 

«Debemos seguir tendiendo puentes entre el ámbito académico y el empresarial para que se comprenda que la investigación no es un gasto, sino una inversión»

 

Para superar los duros años de crisis financiera que hemos vivido, en el grupo de investigación de Análisis Químico Aplicado de la Universidad de Alicante, nos hemos visto obligados a adaptar la forma de plantear y desarrollar nuestras investigaciones, acercándonos al mundo empresarial sin renunciar al carácter fundamental que deben tener nuestros estudios. He basado mis investigaciones en estas premisas. Como consecuencia de ello, los proyectos de investigación han evolucionado desde aspectos que claramente han posibilitado la creación de una base teórica relacionada con la demanda de nuevas metodologías de análisis hacia la adaptación de dichas bases teóricas a las problemáticas reales planteadas por sectores tan variados como los combustibles fósiles y biocombustibles, análisis clínico, alimentario y medioambiental. El enfoque de mis investigaciones desde estos puntos de vista ha permitido lograr una actividad científica con financiación exclusivamente privada durante los últimos ocho años sin merma alguna en la producción científica. Esta posibilidad se ha brindado gracias a la flexibilidad y versatilidad que permite nuestra labor como investigadores.

 

Para finalizar, querría indicar que este no ha sido un camino fácil y ha estado plagado de momentos difíciles, inciertos, momentos que no se hubiesen podido superar sin el constante apoyo de mi familia y colegas. Asimismo, quería tener un recuerdo para mis padres José Luis y Rosalía que me ayudaron, sin descanso, a superar los primeros años, los más duros, de mi carrera investigadora.

 

José Luis Todolí Torró
Catedrático de Química Analítica de la Universidad de Alicante y director de la Unidad de Análisis Químico Aplicado

Lluis Montoliu

Investigador del Centro Nacional de Biotecnología y jefe del grupo CIBERER

Discurso de entrega

Estimadas autoridades, colegas, amigas y amigos, es un honor estar compartiendo con ustedes el acto de entrega de las Placas de Honor de la Asociación Española de Científicos (AEC), a invitación del presidente de la AEC, el doctor Enrique de la Rosa. Es un placer añadido que la invitación haya sido para presentar y entregar este premio al doctor Lluís Montoliu con quien también me une una larga relación.

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Lluís Montoliu es uno de los investigadores más conocidos y reconocidos del país por sus múltiples actividades, y tomaría la velada entera hablarles de todas ellas. Las pueden encontrar en su página en Internet, siempre actualizada y llena de información interesante para todos los públicos y, especialmente, para sus colegas. En resumen, Lluís es investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en el Centro Nacional de Biotecnología en Madrid desde el año 1997 y jefe de grupo en el Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Raras (CIBERER) del Instituto de Salud Carlos III. Lluís tiene una brillante trayectoria profesional, reconocida con numerosos galardones, el más reciente, entregado hace unos días, en ocasión del décimo aniversario del Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), que ha reconocido la colaboración de Lluís con los medios de comunicación.

 

«Lluís Montoliu es uno de los investigadores más conocidos y reconocidos del país por sus múltiples actividades y con una brillante trayectoria profesional»

 

Me voy a centrar hoy en hablarles de su pasión por la divulgación científica y sus logros.

 

Es domingo, café, periódico y, como sin querer, las manos buscan el móvil y trastean un poco para ver si Lluís, desde algún remoto rincón del mundo o desde la tranquilidad de su casa, ha mandado algo a la lista Transgénicos que creó y mantiene. Se la recomiendo. Para que valoren su impacto en la comunidad comparto una anécdota. Hablando con colegas en el reciente congreso anual de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular en Santander, es decir, charlando con científicos del área de Lluís, la mayoría reconocimos que estamos «enganchados» a sus noticias dominicales y a sus comentarios sobre CRISPR. Lluís es un escritor cercano, preparado, que disfruta escribiendo y trasmite emoción. Hemos seguido los altibajos técnicos de CRISPR, los grandes logros, las disputas por las patentes, los trabajos irreproducibles, y atisbado el futuro que se deriva de las muchas aplicaciones de esta poderosa técnica.

 

Pero no sólo esto. Lluís ha contribuido a que descubramos, valoremos y apoyemos las aspiraciones de un gran investigador, el Prof. Francis Mojica. Un científico español con opciones a recibir el Premio Nobel por su descubrimiento  inspirado del sistema bacteriano de defensa CRISPR, y que ha tenido en Lluís un aliado infatigable. Cabe aquí desear suerte a Francis y confiar en que nuestras autoridades e instituciones lo apoyen con el mismo ímpetu y pongan los medios precisos.

 

Lluís ha tenido también un papel central en Transparencia Animal, una iniciativa imprescindible para combatir los prejuicios que la experimentación animal despierta en algunos sectores de la ciudadanía. Sectores que manejan, en general, información sin contrastar, la nueva desinformación de las redes, y que desconocen en gran medida las cifras, las normas que regulan nuestro trabajo y su enorme utilidad. No es sencillo dar un paso al frente y abordar un tema que es espinoso e impopular, y Lluís aceptó este reto. He sido testigo de cómo presenta de forma objetiva la información a un público general, como entabla la discusión con toda pausa y educación: convenciendo. Información que conoce perfectamente porque ha contribuido a que se recoja y sea pública para la ciudadanía, comprendiendo y haciendo comprender que solo desde la transparencia informativa desharemos los mitos.

 

Por último, quisiera compartir hoy con ustedes la dedicación y el trabajo de Lluís con los afectados de una enfermedad rara, el albinismo. Cofundador impulsor de la asociación ALBA de ayuda a personas con albinismo. Lluís, entre otras cosas, ha editado dos libros bellísimos dando visibilidad a ese colectivo, inspirándoles y dándoles esperanza en la investigación, como herramienta indispensable para mejorar ahora el diagnóstico genético y, en un futuro, potencialmente desarrollar nuevas terapias.

 

«Lluís es cofundador de la asociación ALBA, que ayuda a las personas afectadas por el albinismo, una enfermedad rara a la que dedica parte de su investigación»

 

Muchas gracias, Lluís, por tu generosidad, por tu trabajo y por tu servicio a la comunidad. Enhorabuena.

 

Isabel Varela Nieto
Profesor de Investigación del CSIC

Respuesta del galardonado

Estimados miembros del consejo rector de la Asociación Española de Científicos (AEC), estimado presidente, Enrique de la Rosa, estimada Isabel Varela-Nieto, estimados colegas y amigos todos.

 

Muchas gracias por haber pensado en mí para esta distinción, que me enorgullece recibir y os agradezco sinceramente sobremanera. Muchas gracias, Isabel, por tus amables y cálidas palabras.

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¡No hay como tener buenos amigos en ciencia para que hablen bien de ti! Y enhorabuena al resto de investigadores, colegas, empresas e instituciones premiadas. Un verdadero honor compartir con todos vosotros estas distinciones que ha tenido a bien otorgarnos la Asociación Española de Científicos en 2018.

Hace unos pocos días, en una situación similar, confesaba abiertamente que investigar es un privilegio. Y añadía: y poder contarlo un lujo. Así es como lo siento yo. Siempre he creído ser inmensamente afortunado por poder trabajar en algo que siempre había querido hacer, desde que tengo uso de razón. Y ahora me siento doblemente afortunado de poder no solo investigar sino de divulgar sobre lo que investigo. En estos tiempos que corren en los que las vocaciones parecen desdeñarse, yo las reivindico como motivación adicional para dedicarse a esta bendita profesión. Así como el papel de todos los mentores, profesores y personas que acaban moldeando lo que somos y hacemos.

 

«Investigar es un privilegio. Y poder contarlo un lujo. Soy doblemente afortunado de poder investigar y divulgar sobre ello».

 

Resaltáis en vuestra distinción mi trabajo en el campo de la regulación de la expresión génica. Quien primero me habló de genética, debía tener yo 14 años, fue Don Saturnino Valle, un estupendo profesor de ciencias naturales en el Colegio Salesiano San Juan Bosco de Barcelona. Yo ya sabía que quería dedicar mi vida al estudio de la naturaleza, pero andaba todavía despistado en cuanto a qué aspecto de la misma debía centrar mi atención. Don Saturnino me hizo descubrir la genética y el flechazo inicial fue ya irreversible. Ya en la facultad de Biología de la Universidad de Barcelona descubrí que podía asistir a las clases de diversos profesores de una misma materia (aunque solo estuviera apuntado y me examinara con uno de ellos). Así fue como intenté aprovechar al máximo mi paso universitario y disfruté de las enseñanzas de grandes genetistas como Lluís Serra, Antoni Prevosti, Elvira Juan, Silvia Atrián y Roser González. Tras ser tentado durante el último año de carrera por la Bioquímica, seguí los consejos de Roser y crucé la Avenida Diagonal para llamar a la puerta del laboratorio de Pere Puigdomènech, físico de formación, con una tesis en biofísica y biología molecular, y máximo exponente a mediados de los años 80 en Barcelona de la genética molecular. Efectivamente, quizás a algunos os sorprenda descubrir que mis inicios fueron en genética de plantas, en maíz, descubriendo en el CID (Centro de Investigación y Desarrollo) del CSIC nuevos genes con patrones de expresión característicos para así poder usar sus promotores en construcciones para la generación de algunas de las primeras plantas transgénicas de tabaco de nuestro país.

 

«Don Saturnino, mi profesor de Ciencias Naturales, me hizo descubrir la genética y el flechazo inicial fue ya irreversible».

 

Al finalizar mi tesis descubrí la cromatina, la interacción entre el ADN y las proteínas, y quise aprender más. Pere me puso en contacto con un investigador alemán, amigo suyo de su etapa postdoctoral en Berlín, que estaba liderando un laboratorio del prestigioso y enorme centro alemán de investigación del cáncer (DKFZ). Günther Schütz me recibió en Heidelberg con los brazos abiertos para una estancia predoctoral en el extranjero, durante el verano de 1989, en una Alemania todavía dividida, y me invitó a unirme a su laboratorio cuando terminara la tesis. Me pareció un sueño. Y más todavía cuando me financió asistir a un inolvidable curso práctico de transgénesis animal y gastronomía, en Siena, en la fantástica Toscana, impartido en italiano, en el que durante varias semanas aprendí todas las técnicas básicas de manejo y modificación de embriones de ratón de la mano de la gran Laura Pozzi, de la Università La Sapienza, en Roma, una de las pioneras de la transgénesis animal en Europa. Mi aterrizaje definitivo en Heidelberg ocurrió a principios de 1991, tras defender la tesis en diciembre de 1990. Y no fui solo, sino acompañado de Montserrat, mi amada Silveria, que siempre ha estado a mi lado, apoyándome y ayudándome a lo largo de toda mi carrera científica, sacrificando su futuro laboral y a quien agradezco infinitamente su generosidad, su amor y su compañía. En Alemania nacieron nuestros hijos, Mercè y Jordi, que hoy ya han completado su formación universitaria y se encuentran trabajando y viviendo sus vidas de forma independiente. ¿Qué más se puede pedir hoy en día como padres?

 

Resaltáis en vuestra distinción el contacto con las pacientes. Yo llevo trabajando en enfermedades raras, incluso desde antes de saber que investigaba sobre ellas. Cuando solo usaba los genes de la pigmentación como modelo experimental y hasta que un investigador británico, Glen Jeffery, de la UCL (University College of London), me pidió unos ratones transgénicos que había hecho en Heidelberg, corrigiendo su albinismo y restaurando la pigmentación. Glen me comentó, de pasada, «supongo que sabes que estos ratones albinos son ciegos», algo que ignoraba completamente y que me hizo descubrir la condición genética a la que he dedicado mis esfuerzos investigadores desde hace más de 25 años, en especial desde mi incorporación al CIBERER del Instituto de Salud Carlos III y particularmente desde que un día de enero de 2005 me llegara un mensaje desde Alicante, de Carlos Català, un padre de un niño con albinismo, pidiéndome que fuera a contarle, a ellos y a otras familias, que era eso del albinismo. De aquella primera charla surgieron otras y finalmente creamos ALBA, la asociación de ayuda a personas con albinismo, de la que formo parte y con quienes sigo colaborando.

 

«Llevo trabajando en enfermedades raras, incluso desde antes de saber que investigaba sobre ellas»

 

Resaltáis también mi compromiso en los temas de transparencia en experimentación animal. Yo viví muy de cerca la controversia de las plantas transgénicas que atenazó a Europa en los años 90, y todavía colea. Junto con otros colegas, decidimos que había que tomar las riendas de la siguiente polémica que arreciaba, sobre experimentación animal y, ante todo, para explicarle a los ciudadanos lo que hacíamos, por qué, dónde, cómo y cuándo, así como lo difícil que era investigar con animales, y lo estrictamente regulado que era todo el proceso. Teníamos que superar tiempos anteriores de silencio, de no atender a los medios de comunicación, en los que habíamos perdido la batalla de la comunicación, de la opinión pública, netamente ganada por los contrarios a los OMG. Decidimos no inventar de nuevo la rueda y nos fijamos en el acuerdo por la transparencia británico, que había sido presentado en 2014. Con el apoyo de la COSCE lanzamos en España un acuerdo equivalente en 2016, al que hoy, me alegra decir, ya están adheridas nada menos que 129 instituciones, universidades, centros de investigación y sociedades españolas. Desde aquí mando un recuerdo para Juan Lerma y Javier Guillén, con quienes lanzamos este acuerdo, hoy continuado por el buen hacer de Margarita del Val.

 

Quiero finalizar mi intervención agradeciendo a todas las personas que han pasado por mi laboratorio en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), al que llegué a finales de 1996, aterrizando desde Júpiter, sin maletas ni padrinos, pero con muchas ideas y ganas de trabajar. Me alegra tener hoy con nosotros a Patricia Giraldo y a Estela Giménez, mis dos primeras doctorandas, hoy estupendas profesoras de la Universidad Politécnica de Madrid. También a Julia Fernández y Soledad Montalbán, veterinarias a quienes conocí a mi llegada al CNB y quienes me ayudaron a generar nuestros primeros ratones transgénicos y luego me han acompañado en mis aventuras tecnológicas de criopreservación e histología. A Marta Cantero, técnico superior de laboratorio que completó su formación y ya se quedó con nosotros, convirtiéndose en la persona que se conoce el nombre de todos nuestros ratones, quien los peina cada día, siendo una pieza fundamental en nuestro grupo, también en la logística y organización general del laboratorio. Y a Almudena Fernández, investigadora postdoctoral del CIBERER, cordobesa militante y también una persona esencial para nuestro grupo, que me ha permitido lanzarme a muchos proyectos y me ayuda enormemente a dirigir al resto de estudiantes predoctorales, de grado y postgrado que pasan por nuestro laboratorio. A todos ellos y a todo el laboratorio, muchas gracias.

 

«Si no somos capaces de contarle a la gente de la calle lo que estamos haciendo quizás deberíamos preguntarnos si deberíamos hacerlo»

 

He dejado para terminar la mención que hacéis a mis actividades de divulgación. Yo sigo pensando que la función principal de un investigador tiene que ser investigar. Pero, los que investigamos desde centros públicos, creo que tenemos una responsabilidad adicional para contar a la sociedad, en palabras llanas, tanto lo que hacemos como otros aspectos relacionados con nuestro tema de investigación. Por difícil que pueda parecer, si no somos capaces de contarle a la gente de la calle lo que estamos haciendo quizás deberíamos preguntarnos si deberíamos hacerlo.

 

Muchas gracias de nuevo a la Asociación Española de Científicos por esta Placa de Honor, y a todos vosotros por vuestra amistad.

 

Lluís Montoliu
Investigador del Centro Nacional de Biotecnología y jefe del grupo CIBERER

CELERA

Javier García Martínez – Presidente de CELERA

Discurso de entrega

Es un placer presentar a Celera y hacerle entrega de la Placa de Honor de la Asociación Española de Científicos (AEC).

 

Como se relata en sus memorias anuales, en Celera se aceleran personas no proyectos. Es una iniciativa que identifica a personas que destacan no solo por su talento en su trayectoria profesional, sino también por su curiosidad, ganas de aprender y emprender. En definitiva, personas dispuestas a devolver a la sociedad parte de los que esta les ha aportado para su formación.

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Estos fueron los objetivos iniciales con los que nació Celera hace algo más de cuatro años y, en su corta trayectoria, los está cumpliendo a la perfección.

 

Aunque luego explicaré algunos pocos detalles de la actividad de Celera, quiero dedicar unas palabras a su fundador y alma: el profesor Javier García Martínez, orgulloso riojano, que trabaja en la Universidad de Alicante y que, creo, que es la persona más activa que conozco. Es necesario referirnos a Javier y su trayectoria, pues su modo de vida es la filosofía sobre la que se sustenta Celera. Conociendo a Javier se conoce a Celera.

 

«El fundador y alma de Celera, Javier García Martínez, es la persona más activa que conozco. Su modo de vida es también la filosofía sobre la que se sustenta esta aceleradora de talento».

 

De hecho, debe haber varios clones de Javier porque me parece imposible que desarrolle tantas actividades de manera simultánea y, a veces aparentemente en lugares distantes, no solo de España, sino también del planeta. Y esto sin desatender sus clases en la universidad, tarea que, por otro lado, le apasiona.

 

Aparte de su trabajo como profesor en la Universidad de Alicante, Javier es miembro del Consejo de Tecnologías Emergentes del Foro Económico Mundial, académico de la Academia Joven Global, Fellow de la Royal Society of Chemistry y vicepresidente de la IUPAC, la Unión Internacional de Química Pura y aplicada.

 

Como podéis imaginar, con esta intensa actividad, la maleta de Javier lleva más kilómetros que los famosos baúles de la Piquer (bueno para mí, doña Concha Piquer).

 

Javier es catedrático de Química Inorgánica y director del Laboratorio de Nanotecnología Molecular de la Universidad de Alicante, donde investiga en la fabricación de nanomateriales para aplicaciones energéticas. Es inventor de más de una veintena de patentes, muchas de ellas en explotación comercial. Como buen científico, es, también, autor de numerosas publicaciones científicas y de libros especializados.

 

Javier es también un emprendedor. Es el fundador de la empresa de base tecnológica Rive Technology, que comercializa la tecnología que desarrolló durante su estancia postdoctoral Fulbright en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Ya sabemos lo difícil que es hacer que una empresa de base tecnológica tenga éxito. Sin duda alguna, Rive Technology lo tiene. Ha conseguido inversiones importantes en los últimos años, lo que le ha permitido sobrepasar con éxito todas las travesías del desierto que una EBT tiene que cubrir. Actualmente, su empresa emplea a más de cuarenta personas. Desde 2012, los catalizadores que comercializa Rive Technology se utilizan ya en varias refinerías de EE. UU. aumentando sensiblemente la producción de combustibles y la eficiencia energética del proceso.

 

Pero también quiero destacar su labor en tareas educativas y divulgativas con libros, artículos y ponencias que reflexionan sobre la enseñanza de las ciencias y como estas impactan en la sociedad.

 

Javier ha destacado desde muy joven como científico y pensador, de ahí posiblemente surgió su apuesta por Celera. Ha recibido numerosos galardones, muchos de ellos concedidos a jóvenes investigadores.

 

Entre los premios, podemos mencionar la medalla Europa en 2005, que se entrega anualmente al mejor químico europeo menor de 35 años. En 2006 recibió el European Young Chemist Award. En 2007, la revista Technology Review de Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) lo seleccionó como uno de los jóvenes investigadores más innovadores de su generación. En 2016 recibió el Emerging Researcher Award de la American Chemical Society, la sociedad científica más numerosa del mundo, siendo el primer español en recibirlo.

 

En junio de 2014, le fue otorgado el Premio Rey Jaime I en su categoría de Nuevas Tecnologías. Una parte importante de la dotación económica del premio lo dedicó a fundar Celera, que creo que es la actividad de la que Javier se siente más orgulloso.

 

Desde el momento de la fundación de Celera, Javier contó con el patrocinio y apoyo inestimable de la Fundación Rafael del Pino, cuya sede es también la de Celera.

 

Como ya he mencionado, Celera desarrolla un programa de identificación y apoyo del talento en España. Ya va por la cuarta edición y en total se han seleccionado a 41 jóvenes con el patrocinio continuo de la Fundación Rafael del Pino y, en los últimos años, con la colaboración de numerosas empresas e instituciones españolas.

 

«Desde su fundación en 2014, Celera ha apoyado a 41 jóvenes tutelados por mentores en diferentes áreas, para sacar el máximo provecho de su talento»

 

Los jóvenes acelerados tienen entre 20 y 35 años. Realizan su formación en el programa Celera durante tres años durante los cuales recibirán formación y asesoramiento en dos programas, uno centrado en el desarrollo personal y otro dirigido, especialmente, al emprendimiento. Para ello, los jóvenes son tutelados por diversos mentores en diferentes áreas, que tienen como objetivo sacar el máximo provecho del talento en aspectos relacionados con la inteligencia emocional, liderazgo de equipos y planes de negocio, entre otros.

 

Los seleccionados en el programa realizan numerosas actividades complementarias, como, por ejemplo, reuniones con destacadas personalidades nacionales e internacionales del mundo de la ciencia, la tecnología o la empresa. Entre estas actividades podemos destacar la asistencia a cursos de emprendimiento organizados en el MIT, reuniones con científicos galardonados con el Premios Nobel o asistencia a reuniones científicas de muy alto nivel.

 

También los jóvenes de Celera participan en actividades diversas, como la organización de eventos internacionales. Recientemente han organizado el maratón de programadores (hackaton, en el lenguaje de los informáticos) SpaceAppsChallenge de la NASA, en la que han participado más de 25.000 personas de todo el mundo.

 

También realizan actividades de divulgación científica durante la Semana de la Ciencia, organizan concursos de vídeos en los que jóvenes científicos explican brevemente y de manera accesible su investigación. Los jóvenes acelerados también han sido ponentes en conferencias de divulgación, que se pueden visualizar en internet. Sobre esta última actividad, solo un pero, y es que debéis decirle a la persona encargada de la grabación que lo haga en formato horizontal, pues hay algunos vídeos verticales que no son cómodos de seguir. Pero, en fin, no estamos valorando la candidatura a un Premio Goya.

 

Por supuesto, un proyecto de este calibre no puede llevarse a cabo sin la colaboración de numerosas personas y entidades. Quiero volver a destacar especialmente a la Fundación Rafael del Pino, que, junto a Javier, está en Celera desde su fundación. También hay que mencionar que, desde este año 2018, la Fundación Banco Sabadell patrocina el proyecto. Y también quiero reconocer el trabajo que día a día realizan Viviana Ramírez, responsable de comunicación de Celera, y Francisco Martínez, director de Celera.

 

«Un proyecto de este calibre no puede llevarse a cabo sin la colaboración de numerosas personas y entidades, como es el caso de la Fundación Rafael del Pino, patrocinador de Celera desde su fundación»

 

Como científico, quiero agradecer la impagable labor que Celera hace por apoyar la carrera de los jóvenes españoles y es un honor entregarte la Placa de Honor de la Asociación Española de Científicos.

 

Bernardo Herradón García
Investigador científico del Instituto de Química Orgánica General del CSIC

Respuesta del galardonado

El lunes, de regreso de cuatro días en los que he estado trabajando con otros colegas en la organización del Año Internacional de la Tabla Periódica, un compañero de trabajo me preguntó: «¿Para qué haces todas esas cosas?» Luego insistió: «Tú céntrate en lo que te interesa, tus proyectos, tus artículos y tu laboratorio y déjate de perder el tiempo trabajando para otros que nadie te lo va a agradecer».

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Normalmente no presto mucha atención a estas cosas, pero creo que mi compañero, al que conozco desde hace muchos años, me lo decía convencido de que lo hacía por mi bien.

 

¿Por qué hago tantas cosas y no me centro más en lo que me interesa? No se me ocurre un mejor momento que ahora para responder a esta pregunta, no sólo por mí, sino sobre todo por los jóvenes que nos escuchan.

 

Los demás no son una distracción que nos aparta de nuestra carrera hacia el éxito. Nuestros amigos, nuestra familia y la gente que nos necesita son importantes y, por lo tanto, debemos dedicarles tiempo y cariño y no posponerlos como si fueran un marrón que nos aleja de nuestros objetivos porque añaden problemas a nuestra larga lista de cosas importantes que hacer.

 

Poner a los demás en el centro de nuestra preocupación y de nuestras actividades comienza por estar disponible. Por escuchar al que necesita hablar. Por estar presente cuando alguien nos cuenta algo que es para él o para ella significativo.

 

«Los demás no son una distracción que nos aparta de nuestra carrera hacia el éxito. Las personas que nos necesitan son importantes y, por lo tanto, debemos dedicarles tiempo y cariño»

 

Hoy parece que para ser importante hay que estar ocupado y atender con prisa y sin sonrisa.

 

Recuerdo perfectamente la llamada de Enrique para anunciarme que nos habían concedido este premio. Me dijo: «Javier, durante las deliberaciones tu nombre salió para uno de los premios a científicos que concede la asociación. Pero preferimos concederle el premio a Celera porque no es nada común que un científico cree un programa para ayudar a que otros logren sus objetivos» (bueno, algo más o menos así).

 

Aquí y ahora quiero hacer público lo que te respondí por teléfono Enrique. Fue algo así: «Me hace muchísima más ilusión que reconozcáis lo que hago por otros, porque necesitamos un cambio en valores más que cualquier otra cosa. Un cambio que ponga al otro en el centro de nuestras preocupaciones y nuestra actividad».

 

En la carrera por publicar, conseguir proyectos, reconocimiento, los científicos nos hemos olvidado de las razones que nos llevaron a elegir esta carrera y a trabajar para solucionar los grandes problemas a los que nos enfrentamos.

 

100 nuevos estudios sobre cómo va a aumentar la temperatura del planeta en 2050 no va a convencer a más personas de la importancia del cambio climático. Ni siquiera si somos capaces de conocer con toda precisión la temperatura en esa fecha. No nos faltan datos, lo que nos faltan son historias. A las personas no se las convence con informes, sino con relatos ilusionantes y compartidos en el que todo el mundo, no sólo los científicos, puedan ser protagonistas.

 

«A las personas no se las convence con informes, sino con relatos ilusionantes y compartidos en los que todo el mundo, no sólo los científicos, puedan ser protagonistas»

 

La ciencia debe recobrar el humanismo que la caracterizó en sus comienzos. Los grandes científicos que tanto nos inspiran como Marie Curie, Primo Levi o Linus Pauling son admirables y nos sentimos identificados con ellos sobre todo por lo humanos que fueron, por su compromiso con los más débiles, los heridos en la primera guerra mundial, los compañeros de campo de concentración o en mil campañas para acabar con las armas nucleares.

 

Y, en este sentido, todas las personas que hacéis posible desde 1971 (ahí es nada) la Asociación Española de Científicos, y que lleváis entregando estos premios desde hace 20 años, sois un ejemplo encomiable del compromiso y el trabajo por los demás. Por reconocer a los mejores de entre nosotros y por apoyar aquellas iniciativas que están ayudando a construir un país mejor, más justo e informado.

 

Desde Celera os estamos muy agradecidos por este reconocimiento que es un estímulo para seguir trabajando. Celera es, sobre todo, un experimento. Yo lo suelo explicar de esta forma porque cada día aprendemos a hacerlo mejor. Mi amigo Diego lo cuenta mejor. Él dice que en Celera hacemos que surgen esas casualidades que nos cambian la vida. Ese encuentro con una persona clave para avanzar nuestra carrera. Ese congreso en el que aprendimos algo fundamental. Esa carta de recomendación que nos abrió las puertas de una universidad en EE. UU.

 

Algo más o menos así les conté a Vicente Montes (director de la Fundación Rafael del Pino, FRdP), Ricardo Forcano (del BBVA) y Paloma Cabelo el día que en un pequeño restaurante en Chueca les dije que quería crear un programa para apoyar el talento en nuestro país. Está claro que me tienen mucho cariño, porque a pesar de lo mal que se lo expliqué me animaron a seguir adelante. Ellos han sido claves en la creación de Celera y de hecho la FRdP es co-fundadora del programa y co-patrocinadora junto a la Fundacion Banco Sabadell. No podría imaginar mejores compañeros de viaje. Gracias, Sonia, Miquel y Vicente, por creer en este proyecto y por todo el cariño, tiempo y recursos que ponéis en él.

 

«Es un privilegio trabajar en Celera con Viviana Ramírez y Francisco Martínez y así ayudar a que otros alcancen sus sueños»

 

Pero si a alguien tengo que agradecer hoy -de hecho, este premio es más de ellos que de nadie-, es a Viviana Ramírez y a Francisco Martínez. Ellos son los que cada día sacan adelante Celera. Ellos se encargan de todo y todo lo hacen bien. Para mí es un privilegio trabajar con ellos y así ayudar a que otros alcancen sus sueños.

 

¿Por qué hago tantas cosas y no me centro más en lo que me interesa? Porque hay muchas cosas que me interesan y los demás me interesan mucho. Este reconocimiento que nos concede hoy la Asociación Española de Científicos es la mejor respuesta a la pregunta estrecha y egoísta con la que empecé la semana. Que mejor forma de acabarla que con todos vosotros celebrando la generosidad y el trabajo que hacemos por los demás.

 

Muchas gracias en nombre de Celera.

 

Javier García Martínez
Presidente de CELERA

MATERIA

Patricia Fernández de Lis – Redactora jefe de Ciencia y Tecnología de El País

Discurso de entrega

Es indiscutible que actualmente vivimos en una sociedad que está inmersa en los avances de la ciencia y la tecnología. Desarrollos que se han visto exponencialmente acelerados en los últimos dos siglos, desde que en la época de la Revolución Industrial se profesionaliza la Ciencia y el científico pasa de ser aquel hombre normalmente de buena posición, con recursos económicos personales, y trabajando en solitario para saciar esa curiosidad que le provocaba el funcionamiento del mundo, a un trabajador profesionalizado, el asalariado de una empresa llamada Ciencia, y que a día de hoy se mueve en el marco de la llamada Big Science, heredera de una concepción surgida con posterioridad a las dos grandes guerras.

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Así, se integran en nuestra vida cotidiana utensilios o invenciones, derivados de la investigación básica, que nos impactan directamente y nos cambian como sociedad: internet y teléfonos móviles, terapias génicas y envejecimiento, automatizaciones y desarrollos de inteligencia artificial, vacunación y antibióticos, entre otros. Pero, así como estos progresos mejoran nuestra calidad de vida también, paradójicamente, pueden dejarnos en desventaja si no nos adaptamos al ritmo frenético en que se producen.

 

Por suerte, cada vez se comprende más la necesidad de acercar la Ciencia y la Tecnología al público general, para explicar sus mecanismos de funcionamiento, su potencial y, también, sus limitaciones. En definitiva, acercarnos al conocimiento básico de estas disciplinas para que nos desenvolvamos en el mundo científico-tecnológico del siglo XXI con mejor criterio. Y, si queremos que esto cale verdaderamente entre los ciudadanos, habría que poner el punto de mira en los grandes medios de comunicación (radio, televisión y prensa) que son los más difundidos entre la población general.

 

Además, internet -una invención nacida de la Red de la Agencia para Proyectos de Investigación Avanzada del Ministerio de Defensa de los Estados Unidos- ha cambiado también nuestro modo de comunicarnos, globalizando el acceso a la información y proporcionando nuevos formatos, que la ciencia y su comunicación no pueden dejar de aprovechar en todo el potencial que ofrecen. Es en este contexto donde podemos situar el nacimiento de Materia, a quien la Asociación Española de Científicos galardona en esta ceremonia por su probada labor en la divulgación y difusión de la ciencia desde su lanzamiento online en julio de 2012, como una web especializada en noticias de ciencia, medio ambiente, salud y tecnología.

 

«Internet ha cambiado nuestro modo de comunicarnos, y de ahí el nacimiento de Materia, galardonada por su probada labor en la divulgación y difusión de la Ciencia desde su lanzamiento en 2012»

 

MATERIA cuenta con una redacción experimentada y multipremiada, compuesta por seis periodistas que proceden de medios como El País, El Mundo, ABC o la Agencia EFE, y está dedicada en exclusiva a elaborar información científica de alta calidad, contextualizada, rigurosa e independiente. Nace impulsada por los fundadores de la sección de ciencias del diario Público, que fue la más extensa de la prensa europea y premiada con media docena de galardones, entre los que destaca el premio Prisma Especial del Jurado de los Museos Científicos Coruñeses en 2010, uno de los reconocimientos a la divulgación científica más prestigioso de España.

 

Además, los contenidos de Materia vienen avalados por un consejo editorial formado por algunos de los más prestigiosos profesionales de la ciencia, la tecnología, el medio ambiente y la salud, entre los que destacan Miguel Delibes de Castro, José María Bermúdez de Castro, o Mario Bunge.

 

«Materia está dedicada en exclusiva a elaborar información científica de alta calidad, contextualizada, rigurosa e independiente»

 

Recoge la Placa de Honor de la Asociación Española de Científicos (AEC) 2018 otorgada a MATERIA por su papel destacado en la divulgación y difusión de la ciencia y la cultura científica su directora Patricia Fernández de Lis, redactora jefe de Ciencia y Tecnología de El País desde 2014, año en que MATERIA y este periódico se asocian.

 

Me gustaría finalizar con unas palabras de la propia Patricia, recogidas de un artículo publicado en junio de 2012 con motivo del lanzamiento de Materia, que resumen su espíritu y la importancia de su existencia en el contexto de la comunicación de la ciencia:

 

Materia nace con el objetivo de ayudar a los medios de comunicación en español a superar esas dificultades, hablando de ciencia y tecnología con calidad y rigor, independencia y solvencia, pasión y entusiasmo. En época de tijeras, sacrificios y recortes, la democracia necesita más y mejor ciencia, y se merece más y mejor información para contarla».

 

Carmen Fernández Alonso
Investigadora del CSIC

Respuesta del galardonado

Decía el maestro Miguel Ángel Bastenier que la bondad no vende periódicos. Y es posible que la norma funcione en general. Los casos de corrupción, los crímenes escabrosos o la trifulca política suelen encontrarse entre las noticias más vistas. Pero, desde hace ya unos cuantos años, en Materia hemos disfrutado contradiciendo todos los días aquel principio. Nuestro equipo ha denunciado problemas medioambientales o injusticias en el acceso a tratamientos médicos, pero la parte cotidiana de nuestro trabajo consiste en contar los últimos logros científicos. En definitiva, dar buenas noticias.

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Y con esas buenas noticias hemos conseguido atraer a tanto público como el que se congrega alrededor de las penurias. Creo además que por el camino hemos ayudado a mejorar un poquito nuestra sociedad.

 

«En general, la bondad no vende periódicos. Pero, desde hace años, en Materia hemos disfrutado contradiciendo todos los días ese principio»

 

En uno de los artículos que publicamos la semana pasada, el director de Cotec, Jorge Barrero, comentaba que el discurso público y la cultura popular están muy centrados en las distopías. Dedicando tan solo unos segundos es posible que encontremos decenas de películas o novelas situadas en un futuro apocalíptico, pero lo tendremos mucho más complicado para encontrar autores que hayan imaginado un porvenir mejor que nuestro presente. Y, sin embargo, pese a todos los peros que le podamos poner al mundo en que vivimos, es difícil decir que estamos peor que hace bien poco, cuando las vacunas o los antibióticos no existían o viajar a buscarse la vida a otro continente significaba despedirse de la familia prácticamente para siempre.

 

Para mejorar el mundo es imprescindible criticar sus defectos, pero también es necesario tener cierta confianza en el futuro y discutir hacia qué utopía queremos dirigirnos. En la definición de esa utopía es fundamental el papel de los científicos que, con su trabajo para comprender el mundo, han transformado nuestra concepción de lo posible. Y es fundamental también que, para que se les escuche, como quiere lograr la Asociación Española de Científicos, se valore con justicia la aportación de la ciencia y los científicos a la sociedad.

 

No quiero que por lo que he dicho hasta ahora se entienda que cualquier noticia que suene a ciencia o tenga como fuente a un científico sea una buena noticia que hay que difundir sin cuestionarla. También para elegir las buenas noticias de verdad es necesario ejercitar el sentido crítico y el oficio periodístico, porque no faltan individuos dispuestos a ofrecer soluciones mágicas para todo tipo de problemas.

 

«Para mejorar el mundo es imprescindible criticar sus defectos, pero también es necesario tener cierta confianza en el futuro y discutir hacia qué utopía queremos dirigirnos»

 

Para detectar las buenas noticias que deben llegar al público y desechar las que no lo merecen, seguiremos contando con los científicos de este país, el apoyo esencial sobre el que hemos construido Materia durante los últimos seis años. Tenemos mucho trabajo que hacer juntos en un mundo en el que la difusión de bulos y medias verdades se ha intensificado gracias a las nuevas formas de comunicación. La posibilidad de informarse más allá de los medios profesionales ha podido ofrecer una mayor sensación de control a los lectores, pero también nos ha dejado a merced de nuestra ansia por creer, la de todos, incluso de las personas más brillantes.

 

La semana pasada, precisamente una de estas personas brillantes le contaba una historia a nuestro compañero Manuel Ansede. La crisis de las boñigas de caballo de 1894. Este relato arranca con un vaticinio del diario londinense The Times en 1894: «Dentro de 50 años, todas las calles de Londres estarán enterradas bajo tres metros de boñigas». Se supone que, a finales del siglo XIX, la cantidad de excrementos de caballo generada en unas ciudades en rápido crecimiento se percibía como una amenaza para la propia civilización. Pero, entonces, llegó el inventor estadounidense Henry Ford, con sus vehículos a motor que sustituían a los caballos, y las predicciones catastróficas sobre el tsunami de boñigas nunca se cumplieron. Esta persona a la que me refiero y muchos otros gurús de la innovación cuentan esta historia como un ejemplo sorprendente de la incapacidad de la humanidad para prever cómo los incentivos económicos pueden producir soluciones tecnológicas a un problema. Sin embargo, según pudo comprobar Manuel, que como buen periodista siempre cuestiona las historias que encajan demasiado bien, aquella gran crisis de las boñigas nunca existió.

 

«Tenemos mucho trabajo que hacer juntos en un mundo en el que la difusión de bulos y medias verdades se ha intensificado gracias a las nuevas formas de comunicación»

 

La Ciencia es un método para que humanos normales, con sus propias creencias y sus propios sesgos, puedan elevarse sobre ellos para comprender mejor la realidad y así tener una vida más interesante y feliz. Creo que, a nuestra manera, los periodistas compartimos los mismos objetivos. Agradezco este reconocimiento de una asociación y un gremio con la que espero que podamos seguir colaborando durante muchos años para seguir dando las buenas noticias que nuestra sociedad necesita.

 

Patricia Fernández de Lis
Redactora jefe de Ciencia y Tecnología de El País

ALGENEX

José Ángel M. Escribano – Socio Fundador y Director Científico de Algenex

Discurso de entrega

Estimados colegas y amigos.

 

Quiero empezar agradeciendo a la Asociación Española de Científicos (AEC) y a su presidente su petición para que presente a Algenex, una de las empresas galardonadas hoy. Algenex es una empresa relativamente joven. Surgió hace algo más de diez años a partir de un grupo de investigación del departamento de Biotecnología del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria liderado por José Ángel Martínez Escribano.

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En esta breve intervención me gustaría destacar algunos aspectos de esta empresa y de sus iniciadores, José Ángel Martínez Escribano y su esposa, colega investigadora y co-fundadora, Covadonga Alonso.

 

El primer aspecto es que Algenex es producto de una idea innovadora. De una idea que, dirigida a la finalidad principal de generar vacunas, permite producir proteínas en insectos utilizando virus como herramientas; que nace de la doble condición del doctor Escribano de veterinario y virólogo, y que se apoya de forma fundamental en esos dos pilares personales. Por un lado, su formación como veterinario y su cercanía al campo de la salud animal y las vacunas. Por otro, su investigación sobre un viejo amigo común de nuestras respectivas tesis doctorales, el Virus de la Peste Porcina Africana, un virus de gran tamaño que, sin duda, le encaminó a entender y utilizar uno de los grandes virus de insecto, los baculovirus. Quizá sin esa conjunción de experiencias aderezada de grandes dosis de ilusión, la andadura de la empresa no hubiera siquiera comenzado.

 

«Algenex es producto de una idea innovadora que nace de la doble condición del doctor Escribano de veterinario y virólogo»

 

La tecnología de Algenex permite la producción eficiente y a un coste asumible de proteínas recombinantes. Convierte los insectos en pequeñas biofactorías que producen esas moléculas tan complejas y plegadas de un modo tan preciso que son las proteínas. Hoy en día, las proteínas derivadas de patógenos representan una herramienta fundamental para producir vacunas y métodos de diagnóstico, aunque producirlas normalmente requiere biorreactores complejos que están fuera del alcance de muchas empresas. Así, la aportación de Algenex cubre un importante problema en la elaboración de dichas vacunas y métodos de diagnóstico.

 

Quiero resaltar que la idea motriz de la empresa ha sido generada en el contexto de un Organismo Público de Investigación. En las últimas décadas, los que nos dedicamos a la investigación hemos oído hablar repetidamente de la transferencia del conocimiento, y hay que constatar que, a pesar de algunos avances –y honrosas excepciones–, estamos todavía en mantillas en cuanto a facilitar la transmisión del conocimiento desde la investigación pública al tejido empresarial. En este sentido, Algenex es una interesante singularidad. Ha sobrevivido después de crecer desde cero en el laboratorio, y en el proceso ha sufrido, estoy seguro, todas o casi todas las dificultades burocráticas y políticas previsibles, e incluso puede que algunas no previsibles. Pero, ese no es el tema de hoy.

 

«Algenex es una interesante singularidad de la transmisión del conocimiento desde la investigación pública al tejido empresarial»

 

La última característica de Algenex que quiero destacar es su compromiso con la innovación continuada. Cuando digo que esta realidad empresarial es producto de una idea, podría parecer que esa idea es fija, estática. Nada más lejos de la realidad. Después de optimizar el sistema de expresión de baculovirus y perfeccionar un sistema de producción de proteínas en larvas, la empresa –junto con la imaginación y la tenacidad de su fundador– no se detuvieron ahí. El paso más reciente a la utilización de crisálidas ha abierto nuevas posibilidades, convirtiendo a esta tecnología más escalable y más robusta.

 

Por último, una pequeña mirada al futuro. Si la tecnología de Algenex ha evolucionado de utilizar larva a crisálida, a la vez que la empresa también se transformaba de una micro-empresa a una mini-empresa, podemos preguntarnos que nos queda después. Pues esperemos que, como en las crisálidas, se esté gestando una nueva fase, llena de potencialidad creadora y fecundadora, que dé lugar no sólo a una creciente Algenex ya adulta, sino también a una progenie de empresas que, por gemación –o quizá por emulación– sigan los pasos de la aplicación de la ciencia y el uso del conocimiento.

 

Rafael Blasco Lozano
Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria

Respuesta del galardonado

En primer lugar, quiero agradecer a la Asociación Española de Científicos (AEC) y, en particular, a Enrique de la Rosa, este premio que significa mucho para Algenex por el reconocimiento de la labor científica de la empresa y sus valores éticos. También quiero agradecer la cariñosa y generosa presentación que Rafael Blasco ha hecho sobre nuestra compañía.

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No quiero centrar mi breve discurso en hablar solamente sobre Algenex, la empresa que fundé junto con la Dra. Covadonga Alonso años atrás. Hoy quiero empezar hablando sobre dos palabras que significan mucho para mí y para todos los científicos emprendedores en general. La primera es «escepticismo». Si yo les digo que doblando 42 veces un folio conseguiré que el papel tenga un grosor equivalente a la distancia de la tierra a la luna, seguramente ustedes se mostrarán escépticos. Hagan el ejercicio en casa con un lápiz y papel duplicando valores desde 1 milímetro. Es difícil creer en que de algo tan pequeño pueda surgir algo tan grande.

 

Esta reacción de escepticismo que han tenido la mayoría de los lectores de este discurso es la que misma que se genera normalmente en un inversor cuando un científico emprendedor trata de venderle su idea. Cuanto más disruptivo sea el proyecto, mayor escepticismo generará. El escepticismo es la primera barrera que hay que romper para que alguien apueste por desarrollar una empresa tecnológica, siempre pensando que de algo embrionario inicialmente podría surgir algo grande.

 

«El escepticismo es la primera barrera que hay que romper para desarrollar una empresa tecnológica, siempre pensando que de algo embrionario puede surgir algo grande»

 

Además, en nuestro entorno geográfico se tienen dificultades añadidas dado que los europeos somos menos soñadores que los americanos y carecemos de esa ingenuidad que les permite pensar que todo es posible. Nosotros mismos, los científicos, somos especialmente escépticos, o si no, que alguien pregunte al científico medio español si piensa que su ciencia permitirá algún día generar riqueza económica o mejorar la vida de las personas de alguna manera. Casi nunca trabajamos en el laboratorio con esta perspectiva. Recuerdo perfectamente cuando en los inicios de Algenex visité a un fondo de inversión en Madrid y les expliqué que podíamos producir vacunas de última generación en insectos a modo de biofactorías, en lugar de utilizar complejos biorreactores. Una de las personas presentes me miró con asombro, cuchicheó algo a su jefe y tuve la sensación de que ambos tenían la impresión de que les estaba contando un juego de magia. Lo importante de esta historia es que, al final, conseguí que invirtieran en la empresa.

 

«Los europeos somos menos soñadores que los americanos y carecemos de esa ingenuidad que les permite pensar que todo es posible»

 

El escepticismo es en gran medida el causante de que no haya tradición inversora o emprendedora en España. Aunar Ciencia y Negocio en un objetivo común no es tarea fácil, pero hay que creer firmemente en ello para tomar los riesgos que implica. Entre científicos e inversores o empresarios hay mucho escepticismo y muchos prejuicios. En general, se considera que el científico está inhabilitado para dirigir o desarrollar una empresa. Yo, personalmente, creo que los científicos tenemos la visión, la capacidad de ejecución y la inventiva suficiente para hacerlo, siendo estos valores muy importantes para generar empresas disruptivas. En cualquier caso, todos estamos de acuerdo en que la Ciencia es crucial para el futuro económico de las naciones modernas y los científicos son los que desarrollan la ciencia y, por tanto, son los actores imprescindibles en la nueva economía.

 

Los políticos de nuestro país que son también bastante escépticos con lo que la Ciencia aporta, y han de habilitar los instrumentos necesarios para facilitar la conexión entre Ciencia y Economía. Me gusta explicar a los estudiantes de la universidad que los científicos tienen que perseguir un conocimiento que merezca la pena ser investigado y que este debe ser convenientemente justificado, puesto que la Ciencia es una inversión, pagada en gran medida con nuestros impuestos. Estoy seguro de que, si los científicos supiéramos explicar y justificar mejor nuestra ciencia, los inversores la entenderían mejor e invertirían más fácilmente en empresas de base tecnológica. Romperíamos parte de su escepticismo innato a creer que la Ciencia se puede convertir en Economía y se producirían más casos de éxito, que a la postre son los que mueven a aquellos que tienen la capacidad de crear nuevas empresas.

 

«Si los científicos supiéramos explicar y justificar mejor nuestra Ciencia, los inversores la entenderían mejor e invertirían más fácilmente en empresas de base tecnológica»

 

Hablemos ahora un poco de la segunda palabra, «resiliencia». Decía un famoso periodista americano que «aquel que inventó la primera rueda era un idiota y que el que inventó las otras tres, era un genio». En realidad, no es sólo una ocurrencia graciosa, sino que representa una realidad para las empresas tecnológicas. Los científicos emprendedores con frecuencia tienen que inventar no solo la primera, sino también las tres ruedas que faltan para hacer que su descubrimiento llegue a la sociedad. De alguna manera, hay que tener una segunda vocación que añadir a la primera de investigar y es la de aplicar y desarrollar, teniendo una visión realista de negocio. Finalizar un producto tecnológico hasta llevarlo a mercado es un proceso largo, lleno de obstáculos y que requiere mucha Ciencia, pero a la vez mucha capacidad de soportar el maratón que supone el desarrollo comercial de esa ciencia. Se necesita ser muy resiliente para acometer esta tarea.

 

Nuestras universidades deberían ser buenas escuelas de resiliencia para preparar a los estudiantes a que afronten un mundo real lleno de dificultades, para que nuestros jóvenes vean estas más como retos personales y emociones al alcanzar los objetivos soñados y perseguidos. En un reciente viaje a China coincidí con un holandés. Cuando le pregunté por qué había dejado de ver aparatos de la marca Philips en las tiendas de electrónica, me explicó que la empresa está situada junto a una universidad que se ha especializado en equipos electrónicos médicos y que, por tanto, Philips desarrollaba ahora mayoritariamente estos equipamientos. Interesante ver cómo una universidad llega a tener esta influencia sobre una empresa tan grande como esta.

 

Francamente, no veo que nuestras universidades o centros de investigación en España influyan de igual manera en nuestras empresas. En mis clases de Máster o seminarios en la universidad, me sigue sorprendiendo comprobar que los alumnos no reciben formación sólida en emprendimiento. Es desolador preguntar en una clase de alumnos de último año del grado o de Máster, quién se ha planteado fundar algún día su propia empresa. Quizás se necesite una asignatura de cómo ser resiliente y arriesgado profesionalmente. Yo siempre he tenido el sentimiento personal de que los retos profesionales te hacen más feliz que los salarios recurrentes de un puesto fijo de funcionario.

 

«Siempre he tenido el sentimiento personal de que los retos profesionales te hacen más feliz que los salarios recurrentes de un puesto fijo de funcionario»

 

Las vacunas son una de las innovaciones médicas de todos los tiempos que más vidas han salvado, a pesar de que su uso no está todo lo extendido que debería. Sin embargo, producir estas vacunas es un proceso altamente complejo, en el que impactan múltiples factores. Conseguir un lote usable de vacuna puede costar hasta 3 años de trabajo, y pequeños cambios en el proceso, a veces de manera accidental, pueden ocasionar desabastecimiento del mercado.

 

Por eso, la simplicidad y robustez de los sistemas productivos son factores muy importantes. Algenex ha desarrollado tecnologías que reducen costes y simplifican enormemente los procesos de producción de vacunas de nueva generación. Nuestra tecnología estrella usa biocápsulas naturales (pupas de un insecto) capaces de producir más de 100 dosis vacunales mediante un proceso no estéril y fácilmente implementable y escalable. Es, por tanto, una tecnología ideal para países en vías de desarrollo en los que es extremadamente complejo y caro instalar factorías basadas en complejos biorreactores. Las vacunas biotecnológicas que se obtienen en nuestras biocápsulas están incluso hoy en día fuera del alcance tecnológico de muchas empresas farmacéuticas de tamaño medio en países desarrollados. Facilitar el acceso al mercado biotecnológico a estas empresas para competir con las grandes corporaciones, contribuye de alguna manera a democratizar la tecnología, disminuyendo el elitismo tecnológico.

 

«Algenex se ha convertido una empresa con un posicionamiento internacional, aliada con importantes compañías farmacéuticas para desarrollar y producir vacunas animales»

 

Algenex ha cerrado recientemente una importante ronda de inversión con fondos internacionales y posee contratos con compañías farmacéuticas importantes para desarrollar y producir vacunas animales, la primera de las cuales estará en el mercado a finales del año próximo. De los inicios con tecnología tupperware, en la que nuestras biofactorías naturales se producían en simples cajas de plástico, a la actual, en la que los procesos están escalados, robotizados y validados, hemos experimentado una gran evolución. Se han tenido que desarrollar los procesos biológicos, la ingeniería del sistema y el modelo de negocio. En estas tres facetas puedo decir que los fundadores y empleados hemos aprendido mucho, y a pesar de los momentos difíciles en los que pagar las nóminas era la principal preocupación, ahora vemos cómo hemos conseguido llegar a ser una empresa con un posicionamiento internacional y en fase de crecimiento.

 

Quiero destacar que esta empresa se ha construido no solo con el esfuerzo de sus fundadores, sino también con el esfuerzo de todos sus empleados, los cuales tienen un grado de compromiso excepcional. Quiero agradecer en esta oportunidad su dedicación y su talento innovador. El factor humano es importantísimo en nuestra empresa. Nos queda mucho por andar empresarialmente hablando y quizás algún día podamos realizar el sueño de ver cómo nuestra tecnología ayuda a mejorar la salud de personas y animales en países en desarrollo, contribuyendo de alguna manera a mejorar la vida de las personas más desfavorecidas económicamente. Ilusión no nos falta. Este reconocimiento nos hace sentir que el esfuerzo realizado estos años ha merecido la pena y es un importante incentivo para todos nosotros saber que una sociedad científica de alto prestigio como esta lo valora.
Muchas gracias de nuevo en nombre de los fundadores y empleados de Algenex por el reconocimiento de la AEC.

 

José Ángel M. Escribano
Socio Fundador y Director Científico de Algenex

Discursos

Discurso de apertura

Destacados

 

«En los estatutos de la AEC, fundada en 1971, se recoge la transferencia, la colaboración público-privada, la divulgación, la ética, la componente humanística de la ciencia, como actividades esenciales para la justa valoración de la ciencia y de los científicos por la Sociedad».

 

«La actividad más esencial para el futuro de la ciencia en España es la generación de interés por la ciencia y de vocaciones científicas y la promoción del talento».

 

«La divulgación y la transferencia contribuyen a mejorar la valoración de la ciencia y favorecen su apoyo».

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Un año más nos reunimos para entregar las Placas de Honor de la Asociación Española de Científicos (AEC). Hace más de 20 años –la de hoy es la 21ª edición–, los entonces miembros de la AEC instituyeron este galardón para poner de manifiesto el esfuerzo y el talento dedicado en España a la generación de conocimiento, a la difusión del mismo y a su aplicación en beneficio de la sociedad. No son ideas atractivas que yo haya utilizado para este discurso, sino algunos de los fines que se recogen en los estatutos de la AEC. Como ya he dicho y escrito en alguna otra ocasión, me sorprende muy agradablemente que en los estatutos de una asociación fundada en 1971 se recoja la transferencia, la colaboración público-privada, la divulgación, la ética, la componente humanística de la ciencia, etc., como actividades esenciales para la justa valoración de la ciencia y de los científicos por la Sociedad.

 

Y cada año también quedo sorprendido por ver cómo en este acto se articula perfectamente lo que se ha venido a llamar el ecosistema de la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i). Este año, como en los anteriores, distinguimos a unos pocos investigadores de entre los muchos que lo merecerían por su empeño en conocer cómo es y cómo funciona la naturaleza, y por enfocar la curiosidad que les mueve, que nos mueve en cuestiones científicamente relevantes a los que nos dedicamos a esta tarea. En menor o mayor medida, los galardonados también se han implicado en que los resultados de su trabajo lleguen a la Sociedad a la que pertenecemos y que nos financia, a través de la divulgación y la transferencia del conocimiento. El esfuerzo de transferencia fructifica con la creación de empresas de base tecnológica, a las que también hemos galardonado a lo largo de estas 21 ediciones; de nuevo, a unas pocas entre las muchas que lo merecerían. Más recientemente, pero espero que se consolide, estamos reconociendo la labor de la divulgación, llamémosle profesionalizada, aliada indispensable para complementar los esfuerzos personales de, afortunadamente, cada vez más investigadores. Mediante la divulgación y la transferencia, el conocimiento, que es la materia prima imprescindible, retorna a la Sociedad, contribuyendo a mejorar la valoración de la ciencia y favoreciendo su apoyo en lo que sería un círculo virtuoso. Y no olvidemos la que es para mí la actividad posiblemente más esencial para el futuro de la ciencia en España: la generación de interés por la ciencia y de vocaciones científicas, así como la promoción del talento en este país donde gustan más los listillos que los inteligentes. También con nuestras placas queremos reconocer la labor en dicho sentido.

 

A continuación, pasaremos a la entrega de las placas y, finalmente, al discurso de clausura por parte de la doctora Raquel Yotti, directora del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), quien ha tenido la amabilidad de asistir. El ISCIII es un organismo clave para la articulación de la I+D+i en el campo de la biomedicina y la salud, tan importante para el bienestar de la Sociedad. Tras la cena, cuando pase el grato recuerdo de este acto, que seguro tendréis la mayoría de vosotros, os propongo que meditéis sobre por qué este encaje que os he anticipado, que creo os quedara claro a nivel de este pequeño ecosistema, cuesta tanto implementarlo a nivel global de la I+D+i española. Os animo a todos a pensar en ello, a buscar soluciones, pero, sobre todo, a disfrutar de la velada.

 

Enrique J. de la Rosa
Presidente de la AEC

Discurso de clausura

Destacados:

 

«Los científicos se caracterizan por la curiosidad, esa condición humana que conlleva la necesidad individual de entender el mundo».

 

«La generosidad permite entender la forma en la que muchos de los científicos han entregado y siguen entregando lo más valioso que poseen: su tiempo».

 

«La mayor inversión en ciencia redundará en beneficio para la sociedad en su conjunto».

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Señoras y señores, en primer lugar, quiero expresar mi más sincero y profundo agradecimiento a la Asociación Española de Científicos (AEC) por brindarme la oportunidad de clausurar el acto de entrega de Placas de Honor en su vigésimo primer aniversario. Recibo esta encomienda con humildad, consciente de que no se trata de un reconocimiento personal, sino que va dirigido al Instituto de Salud Carlos III, la emblemática institución que tengo el privilegio de representar. Ante una audiencia que reúne a eminentes científicos, a grandes maestros y mentores, y a otros profesionales que comparten su compromiso social basado en el avance del conocimiento, solo puedo expresar mi admiración como investigadora clínica y, más importante, mi infinita gratitud como ciudadana.

Entre los valores que caracterizan y distinguen a los científicos, frecuentemente se destaca la curiosidad; una cualidad ligada a la propia condición humana que conlleva la necesidad individual de entender el mundo y se asocia a la búsqueda incansable de la verdad. Sin embargo, en el día de hoy, más allá de la emoción de descubrir y el deseo personal de encontrar respuestas, me gustaría destacar la generosidad como valor fundamental de cada científico particular y de la comunidad científica en su conjunto. A diferencia de la curiosidad, que surge del encuentro entre el individuo y el mundo que le rodea, la generosidad nace del encuentro entre personas y del compromiso social que este encuentro genera. La orientación a compartir el conocimiento es también uno de los elementos que aproximan a la Ciencia y a la Medicina, disciplinas que han caminado juntas desde la antigüedad, creciendo sobre los cimientos de los saberes humanísticos.

 

La generosidad permite entender la forma en la que muchos de los científicos presentes en la sala han entregado y siguen entregando lo más valioso que poseen: su tiempo. Y cuando digo tiempo, quiero decir la vida. Esta Placa de Honor que hoy han recibido es un reconocimiento a esta vida compartida, y me gustaría de algún modo extenderlo a sus familias, que con el mismo espíritu de generosidad conviven con una actividad científica cuyo horario es difícil de tasar. La generosidad es también la cualidad imprescindible que, en cada maestro, en cada mentor, impulsa a transmitir el conocimiento, inspirar, acompañar, corregir, y, de este modo, también contagiar generosidad a otros científicos cerrando un círculo virtuoso.

 

Permítanme también ampliar el concepto y aplicarlo a las organizaciones y a las empresas que, como las premiadas esta noche con una Placa de Honor, dedican su esfuerzo colectivo a lograr avances sociales a través del conocimiento científico. La actividad empresarial tiene como fundamento el beneficio económico, pero, como hemos visto esta noche, esto no es incompatible con la incorporación de una perspectiva que suponga un firme compromiso con el progreso social. Quiero destacar que la divulgación científica es una actividad hermanada con la que realizan los grandes maestros; ambas actividades están unidas por la vocación de compartir y por el esfuerzo para lograr que la persona que escucha pueda comprender mejor el mundo. Cuando los que escuchan, o los que leen, son millones, la generosidad se multiplica.
Reflexionar sobre esta entrega individual y colectiva de la comunidad científica permite también comprender cómo la ciencia española ha continuado avanzando en un contexto de grandes restricciones presupuestarias y enormes dificultades administrativas, que aún pesan como una losa sobre los investigadores. En los últimos años los científicos no se han rendido, han perseverado, con la generosidad intacta, pero con signos de agotamiento moral. Llega el momento de que la sociedad responda como corresponde y, a través de sus instituciones, devuelva a los investigadores no solo la capacidad financiera para invertir en conocimiento, sino también un marco regulatorio que fomente el proceso creativo y dignifique la figura del investigador. Es momento de equilibrar, es momento de retornar, y el compromiso de la sociedad debe estar a la altura de la generosidad mantenida, contra viento y marea, de sus investigadores.

 

Cada una de estas Placas de Honor supone un reconocimiento a la excelencia de un científico o de una empresa concreta, pero también son una extraordinaria oportunidad para visibilizar y compartir con la sociedad la generosidad de la comunidad científica, y la necesidad de corresponder a su entrega para multiplicar los éxitos.
Como ciudadana, les reitero mi profunda gratitud a todos y cada uno de ustedes. Como representante de una institución de la Administración General del Estado que tiene entre sus misiones el fomento y financiación de la investigación, mi obligación será continuar reclamando mayor inversión en ciencia, porque estoy firmemente convencida de que esto redundará en beneficio para la sociedad en su conjunto.

Muchísimas gracias.

 

Raquel Yotti Álvarez
Directora del Instituto de Salud Carlos III