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Placas de Honor 2007
José Esquinas Alcázar y la Biodiversidad
Nunca pensé que el tema de la biodiversidad pudiera ser un asunto tan fascinante. Y cuando paseaba por la Via delle Terme di Caracalla, en Roma, y veía el edificio de FAO, tampoco imaginaba que este organismo era mucho más que una dependencia burocrática ocupada en aliviar el hambre en el mundo. Ni mucho menos sabía que en aquella sede internacional trabajaba un español, José T.ESQUINAS, llevando a cabo tareas trascendentales que en esta noche tendremos la inmensa satisfacción de reconocer y ensalzar.

Este español tiene una proyección internacional, porque a él se debe en buena parte la firma en 1983 del Compromiso Internacional de Recursos Genéticos, y en 2001 el Tratado Internacional sobre Recursos Filogenéticos para la Alimentación y la Agricultura redactado en el ámbito de la Conferencia de la FAO.

 Han sido dos instrumentos fundamentales para afrontar a escala casi mundial el grave asunto de la biodiversidad. Grave porque nos va en ello la seguridad de nuestros recursos alimentarios y de nuestra agricultura; y grave porque se trata de enderezar un proceso que comenzó hace 10.000 años. En época remotísima la Humanidad utilizaba cerca de 8.000 especies de plantas para su alimentación. En la agricultura actual el elenco de especies utilizadas se limita a 150. Pero si atendemos a lo más usual, tendremos que decir que 12 especies vegetales y cinco animales proporcionan el 70% de las calorías y de las proteínas de la alimentación humana. En realidad son el trigo, el maíz, el arroz y la patata el gran sustento de la Humanidad.

 Hemos perdido lastimosamente un colosal patrimonio genético que nos permitiría hacer frente a cambios medioambientales, plagas y pandemias mediante el uso de variedades diversas y exentas de morbilidad. Hoy en día los posibles achaques medioambientales ligados al presunto cambio climático apuntan ya a una alarma insoslayable.

 Un ejemplo ya clásico para ilustrar el tema de la biodiversidad es la famosa hambre europea particularmente trágica en Irlanda. Entre 1835 y 1840 apareció el hongo Phytosphora infestans que destruía todas las plantaciones de patatas. Casi dos millones de irlandeses murieron en dos o tres años, y otros varios millones hubieron de emigrar a EE.UU. Se intentó combatir la plaga con todos los medios químicos, pero sin resultado alguno. Y alguien tuvo la feliz ocurrencia de ir a América, lugar de origen de la patata, para ver si allí existían variedades inmunes al Phytosphora infestans. Efectivamente, con cruzamientos genéticos de variedades peruanas, bolivianas y ecuatorianas se consiguió solucionar el problema.

 Este es el campo en el que José ESQUINAS ha hecho aportaciones que le hacen benemérito de la Humanidad. Como todos los grandes hombres presenta una circunstancia vocacionante y mo- vilizadora. Para entenderla me ayuda recordar el caso del eminente escritor William Faulkner, sureño de Mississippi, que se identificaba a sí mismo como "un granjero al que le gusta contar historias" (I´m just a farmer who likes to tell stories). Y es que ESQUINAS, nacido en Ciudad Real, donde hizo el bachillerato, y graduado de ingeniero agrónomo en la Politécnica de Madrid, fue trabajador agrario en las fincas familiares durante todos los veranos. Su padre quiso evitar que fuera "el Principe que todo lo aprendió en los libros". Y quiso que experimentara el duro trabajo de la tierra desde unas jornadas que empezaban cuando su padre, a las cinco de la madrugada, ponía en marcha los motores para el riego. Yo no sé si en antropología o en pedagogía existe una clasificación de las personas que distingue entre los que aprenden textos escritos que identifican como textos y los que a través de las lecciones amplían su percepción de la realidad. Para mí es evidente que existen estas dos clases de talentos y que esta diferencia marca sensiblemente los resultados biográficos. Evidentemente ESQUINAS es de estos últimos. Y él sabe que esto tiene que agradecérselo a su padre.

 Entre sus tareas y experiencias veraniegas hubo algo que llamó poderosamente su atención. Fue la fascinante variedad de los melones que cultivaba: color, formas, tamaños, gusto…De esa fascinación surgió su tesis doctoral. Viajes por toda España, miles de cartas a maestros, a alcaldes, a comandancias de la Guardia Civil le permitieron obtener semillas de más de 370 variedades españolas de melones. Plantarlas y cuidarlas en la finca La Pavera, próxima a Aranjuez, era un trabajo que necesitaba ayuda de algunos estudiantes de cuyo reclutamiento se encargó, desde la radio, Encarna Sánchez , quien le bautizó como Pepe el de los melones. Era ya doctor en ingeniería agronómica cuando ciertos impulsos democráticos en pleno franquismo le aconsejaron "tomar el olivo" y plantarse en la Universidad de California, con una beca del Banco Mundial. En el campus Davis de aquella Universidad hizo otro doctorado, esta vez en genética. De melones, por supuesto. Hizo el árbol filogénico de muchas variedades españolas y descubrió que en general proceden de la India.


 Vuelto a España en los años de la Transición se incorporó a la Politécnica para dar clases y trabajó como investigador en el INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas). Muy pronto recaló en la FAO, al principio para seis meses, pero desde 1978 en calidad de Funcionario Internacional de Naciones Unidas.
 
 ESQUINAS tiene un amplio currículum, por así decirlo, reglamentario. Ya saben…cursos y conferencias en Universidades europeas, iberoamericanas, norteamericanas. Ha publicado artículos y libros muy numerosos. Ha dirigido muchos proyectos de investigación en sus temas de genética y desarrollo agrario. Pero su obra principal, la que le sitúa ya en la Historia, fue su trabajo de mentalización de los políticos del mundo para la creación de instrumentos institucionales con perspectivas jurídicas capaces de garantizar la existencia de bancos de germoplasma que recojan y conserven el patrimonio genético. El más importante de estos instrumentos es el Tratado Internacional de Recursos Filogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, firmado en 2001.

 Es un texto donde confluyen una sutil conciencia ética y una sabia eficacia, porque no solo se reconocen en él los derechos tecnológicos o de invención en la restauración y mejora de variedades, los llamados derechos del obtentor, sino que se reconocen también los derechos del agricultor como verdadero e imprescindible protagonista de la biodiversidad. Decía lo de conciencia ética, es decir, resplandeciente de espíritu social, porque se defienden los derechos del agricultor, pero decía también lo de sutil y lo de la sabia eficacia, porque este es un terreno donde la justicia social es eminentemente práctica para todos pero especialmente para las naciones desarrolladas. Por que se da la circunstancia de que los grandes depósitos de la diversidad biológica están en los territorios tropicales o subtropicales, o sea, en las naciones pobres. ESQUINAS nos convence de que hay que ser virtuosos, porque rara vez será más premiada la virtud.

Jesús Martín Tejedor





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Fecha de última actualización: 03/09/2010
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